Puños calefactables para moto

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Imagen extraída de r1200gs.wordpress.com

A continuación os dejo una entrada donde comento la reparación de mis puños calefactables BMW y una opción fantástica para hacerte con unos puños baratos a precio de risa. Tengas la moto que tengas. Sí, como oyes. No son los típicos puños calefactables de la marca Oxford que tienen un cable que sale de ellos que, todo sea dicho, son horrorosos. No. Esta opción es muy barata y queda como si tuvieras puños calefactables de origen, sin necesidad de aberraciones estéticas.

La reparación

Muchos de vosotros sabéis que mi moto es una BMW. Casi todas las BMW tienen la ventaja de ofrecer a su comprador, de serie, unos puños calefactables que hacen la delicia durante los días de invierno. Llevaba un tiempo con este sistema estropeado. Así que, aprovechando este fin de semana lluvioso y ventoso, he optado por arreglarlos.

El problema del sistema BMW radica en que los puños de goma se gastan. Este gasto, además, se acrecienta si encima utilizas los puños calefactables con asiduidad. La solución es cambiar la goma o el puño de goma, obviamente. Pues no, en BMW debes cambiar el sistema completo, o sea, debes cambiar por completo todo el cilindro que compone y lleva el sistema de puño calefactable. Esto, ojo, puede ocurrir al poco tiempo. ¿El precio? Un atraco. Y solo por que las gomas del puño se han desgastado.

Esto ha dado lugar a diversas formas de solucionar el entuerto y no tener que pasar por BMW:

Utilización de cámaras de bicicleta para cubrir el puño desgastado. Para mi, esta opción ni es válida ni seria.

Recubrir el puño con cinta de raqueta de tenis o pádel. Aunque es mejor opción que la anterior, tampoco lo contemplaba.

Comprar unos puños de la marca Ariete, que son prácticamente los mismos que los que vende BMW, y hacer la sustitución tú mismo.

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Imagen extraída de SoyMotero.net

Esta última opción, la que adopta la mayoría, conlleva un riesgo importante. Los puños utilizan dos sistemas, dependiendo del modelo de moto y año de fabricación: hilo de NiCrom entrelazado en el puño; y resistencia por placa plástica. En ambos casos se corre el riesgo de romper una cosa u otra en la sustitución de la goma.

Para sustituir la goma debes cortar, con muchísimo cuidado, con un bisturí o un buen cutter, la goma antigua. Eso sí, sin cortar el hilo de NiCrom o la resistencia. Si lo haces, olvídate. El NiCrom no se puede unir con estaño. Podrías hacer algún apaño, pero créeme, no quedará igual. La resistencia, si la rompes… Una nueva, no queda otra.

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Imagen extraída de BMWmotos.com

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Imagen extraída de BMWmotos.com

El caso es que a pesar de tener muchísimo cuidado en las sustituciones de mis puños, la goma, se entiende, estos un día dejaron de funcionar.

Como os he dicho antes, he aprovechado este fin de semana imposible de moto demás desvaríos para arreglarlos. El problema que me he encontrado no ha sido en el hilo de NiCrom, que es el sistema que mi moto utiliza. El problema viene de la poca o nula protección que tienen los cables que transmiten la electricidad al hilo de NiCrom (o a la resistencia, en su defecto). Estos cables terminan por pelarse por el desgaste, llenarse de suciedad (restos de goma quemada) y dejan de pasar energía al sistema.

La solución que yo he adoptado, tras desmontar las piñas del manillar, ha sido sanear la instalación y recubrirla con cinta aislante. También di un puntito de soldura para afianzar más el apaño. Y asunto zanjado. Tras las respectivas comprobaciones, todo vuelve a la normalidad.

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Imagen extraída del blog mecanicaoscura.blogspot.com.es

El cable te lo puedes encontrar completamente cuarteado (debido a un pegamento que BMW utiliza para fijarlo al tubo del puño), o también pelado y sucio por el desgaste. En ambos casos se provoca que el hilo de cobre esté expuesto, por lo que se desgasta, pierde propiedad y termina sin pasar corriente.

 

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Imagen extraída del blog mecanicaoscura.blogspot.com.es

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Resultado del saneado de cables. Imagen del blog mecanicaoscura.blogspot.com.es

Y buscando y buscando por internet, encontré otro tipo de solución que bien puede servir para cualquier moto.

 

El descubrimiento

Supongo que todos conocéis Aliexpress. Esa tienda cibernética del diablo con mil y un gadgets para todo lo que te puedas imaginar.

Allí he encontrado unos puños calefactables universales magníficos. Válidos para todas las motocicletas y muy bien insertados en la moto. Nada de cables raros que salen del puño. Todo integrado por el manillar.

¿Y funcionan? Sí, según he leído a varios usuarios funciona a las mil maravillas.

¿También para BMW? Sí, exacto, también para BMW. Además, lo bueno del asunto es que puedes utilizar la instalación original de la moto (cableado y botón en la piña) para hacerlos funcionar. Esta es la apreciación que he encontrado por internet. Yo, como los he comprado, cuando se me vuelvan a romper o fastidiar los míos haré la prueba. En principio, y según he leído funcionar funcionan muy bien.

¿Qué ocurre si mi moto no es BMW y no tiene un interruptor específico? Pues puedes utilizar el que te trae o comprar uno nuevo que sea, incluso, estanco. Tan solo debes conectar o puentear la conexión desde el contacto (yo no lo haría directamente a batería).

Y aquí el susodicho hallazgo. Por 4 euros envío incluido merece la pena.

aliexpress

http://es.aliexpress.com/item/12V-Universal-Motorcycle-Motorbike-Handlebar-Warm-Heated-Grip-Kit-Pads-ARE4/1883788583.html

La insistencia sirve para algo…

Como os dije en mi anterior entrada en el blog, llevaba varios días escribiendo un tuit al alcalde de mi ciudad, Sevilla, con el fin de mejorar la pintura acrílica/deslizante que se utiliza en todas las marcas viales de nuestras calles.

La ciudad de Sevilla ha sido recientemente denominada como ciudad non grata para la moto, como así se atestigua en esta publicación que podéis consultar Sevilla, una trampa mortal para motoristas.

Me agrada saber que parte del colectivo motero sevillano se ha quejado al ayuntamiento y ha dado resultado. Al menos lo parece.

El pasado 3 de febrero fallecieron dos motoristas en dos accidentes en la ciudad: en el Pase de Colón y en el cruce de Luis Montoto con la avenida Cruz del Campo, mismo lugar donde fallecieron dos jóvenes el pasado mes de agosto de 2015. Como veréis los datos son espeluznantes.

Hoy leo en el Diario de Sevilla la siguiente noticia: El ayuntamiento prueba una pintura antideslizante para reducir accidentes.

¡Ya era hora!

Eso sí, no cejaré en mi empeño, al menos yo, hasta que esa pintura se utilice para pintar todas las marcas viales de la ciudad. Y esto no es todo, pues hay muchos más elementos en la calzada en esta ciudad que suponen un grave riesgo de seguridad para peatones, ciclistas y motoristas. Y eso que el anterior alcalde utilizaba una moto para desplazarse. Supongo que le habría cogido miedo.

 

 

 

Motero o motorista: ¡quéjate!

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Imagen extraída de soymotero.net

Soy un reivindicativo. Me gusta lidiar con las injusticias y tejemanejes. No sé si se trata de despertar conciencias o no. Si alguien lee o escucha lo que digo y abre los ojos o actúa en consecuencia eso que se habrá ganado.

Hace tiempo que deseché la opción de “es lo que hay”. Esa característica ibérica de agachar los morros y asumir lo que sea que nos caracteriza. La sociedad está diseñada para que te aborreguen, te entretengan con el consumismo mientras perpetran sus fechorías. Estar presos sin muros, ávidos de quehaceres que te ciegan.

Aldous Huxley, escritor británico afincado en Norteamérica ya lo vaticinaba el pasado siglo:

“Una dictadura perfecta tendría la apariencia de una democracia, pero sería básicamente una prisión sin muros en la que los presos ni siquiera soñarían con escapar. Sería esencialmente un sistema de esclavitud, en el que gracias al consumo y el entretenimiento, los esclavos amarían su servidumbre”.

Yo al menos me niego a la resignación, a aborregarme y a ser esclavo de un sistema corrupto y partidario como en el que vivimos. No obstante, he de decir que estoy obligado a participar de dicho sistema, pues tengo hipoteca y una niña en camino. De lo contrario me habría convertido en un hippie o similar que viviera del sol y de lo que recolecta.

Pero se puede atacar el sistema, o mejorarlo en este caso, desde el propio sistema.

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Foto extraída de la web diariomotor.com

Hace unos días decidí criticar algunos aspectos en las redes sociales que afectan al colectivo motero. Como usuario a diario de motocicleta, decidí empezar por lo más cercano: un tuit a diario al alcalde de mi ciudad. En estos tuits invito al señor Juan Espadas (del PSOE) a un paseo en mi moto. Un paseo por las líneas blancas pintadas en las calles de mi ciudad. Un paseo arriesgado, pues la mayoría de líneas blancas que se pintan son con pintura inadecuada y resbala. Resbala cuando llueve y cuando no, con el rocío de la mañana o con cualquier mancha depositada por algún que otro vehículo. O el colmo de las líneas blancas, cuando han pintado una encima de otra varias veces y eso supone hasta un pequeño resalto o pegote blanquecino que multiplica, aún más, las posibilidades de darte un viaje a ras de suelo de la forma más surrealista.

En la normativa vigente sobre marcas viales se dice en el “objeto” de dicha normativa:

“El fin inmediato de las marcas viales es aumentar la seguridad, eficacia y comodidad de la circulación, por lo que es necesario que se tengan en cuenta en cualquier actuación vial como parte integrante del diseño, y no como mero añadido posterior a su concepción.”

Si una línea que se pinta en el asfalto debe cumplir, por norma, aumentar la seguridad… Está clarísimo que no lo consigue, pues reduce sobradamente la seguridad de los motoristas.

Que no exista una normativa que obligue a utilizar pintura antideslizante no exime a la autoridad competente de:

  • Utilizar el sentido común y velar por la seguridad de peatones y conductores de motocicletas.
  • No contravenir el objeto de la norma de marcas viales, donde reza que el fin inmediato es aumentar la seguridad.

Desde hace algunos años se ha venido reivindicando desde el colectivo motero y de seguridad vial la supresión de los pasos de peatones. Al menos de su pintado total, y utilizar vías alternativas más económicas (como pintar solo dos líneas en lugar de tropecientas). Dos líneas que delimiten el comienzo y final.

Aunque la iniciativa me parece buena, creo que se queda corta. Creo firmemente que debemos seguir peleando y luchando contra la inseguridad que el usuario de motocicleta padece en las ciudades. La utilización de pintura antideslizante es de sentido común. No es una barbaridad. La supresión de líneas y el repintado excesivo también.

No cejaré en mi empeño de mi tuit diario hasta que me responda. Lo siguiente que haga será elevar una queja en mi ayuntamiento y realizar un escrito solicitando todo esto que reivindico. Por tu seguridad, compañero. Súmate y quéjate.

Escapada a Marruecos

 

Días previos al puente de la Constitución no sabíamos dónde ir. ¿París? ¿Valencia? ¿Barcelona? ¿Alpujarras? Tras visualizar la previsión meteorológica vemos que va a llover casi en la totalidad de la Península Ibérica, y como no tenemos especial predilección por mojarnos con ropa puesta, decidimos prácticamente 48 horas antes de partir irnos al país vecino, Marruecos. Una visita a Booking y ya tenemos una habitación en un Riad en Chefchaouen, que era el punto de destino.

El plan inicial era salir el viernes para plantarnos en Algeciras lo más pronto posible. Yo salgo de trabajar a las 3 de la tarde. Así, en un principio decidimos intentar coger un ferry  a las 19-20 horas. Esto más el trayecto de una hora aproximada nos llevaría a Tánger, donde buscábamos un hotel.

Después de sopesarlo, mi querida esposa, tuvo a bien de pararme los pies y el ansia de querer cruzar el charco lo antes posible, y dijo: “mejor hacemos noche en Algeciras, tranquilos, y el sábado ya cogemos el ferry a primera hora de la mañana”. Me pareció una estupenda decisión, aunque mis ganas de llegar al país alauí eran tremendas. Al final, tuve que darle la razón, pues una equivocación en la ruta de ida a Algeciras hizo que llegáramos más tarde de lo previsto. Ese error, con el ferry el mismo día habría sido letal.

Y así salimos (algo tarde) con el siguiente plan: llegada a Algeciras el viernes, hotel y descansar. Salida en ferry para Tánger a las 8 de la mañana. Una vez allí dirigirnos a Tetuán para hacer una pequeña visita y, de allí, a Chefchaouen. Dos noches y vuelta el tercer día.

 

El error para llegar a Algeciras

No sé cómo sucedió, supongo que iba distraído hablando con Silvia por el intercomunicador. También iba con la idea prefijada de “Conil de la Frontera”, mi particular retiro veraniego-espiritual. El caso es que me pasé la salida para llegar a Algeciras plácidamente por autopista, por esa que sustituye a la antigua Ruta del Toro. Pero es que el error fue mayúsculo, pues no me di cuenta kilómetros después… Estaba ensimismado, hablando plácidamente con mi mujer y el despiste fue mayúsculo. El caso es que pasamos Conil, Vejer de la Frontera, Barbate, Zahara de los atunes… y tuvimos que pasar toda la zona del Parque Natural de los Alcornocales. Esto implicaba varias cosas: zona de montaña, frío, curvas, carretera en mal estado… Y por la noche. Esto nos hizo aminorar la velocidad en demasía. Estamos de viaje y venimos a disfrutar. Nada de hacer el loco. De esta guisa llegamos a Algeciras pasadas las 10 de la noche. El frío, el cansancio y el hambre hizo que nos paráramos en el primer bar decente que vimos. Unas tapas y para el hotel a descansar. Un NH muy bien acondicionado que hizo un acople perfecto para nuestros sueños.

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“Y yo también…”

Meeeec, meeeec… El despertador se ceba con nuestros oídos y nos despierta muy temprano, muy, muy temprano. A las 10 zarpa el ferry y debemos estar puntuales. Silvia, mi mujer, es esta vez vencida por mi ansia de “llegar puntual” para coger el ferry y salimos para llegar a tiempo a la zona de embarque… Una vez allí le tuve que dar la razón, pues salimos con más de una hora de retraso y estuvimos mucho tiempo esperando. Una pena.

En la cola había de todo: coches españoles, 4×4, turismos con matrícula europea con emigrantes que vuelven a Marruecos, autocaravanas… Y los buscavidas del papeleo. Chavales marroquíes que se buscan la vida organizando la cola de embarque de los vehículos y rellenando los papeles de importación de vehículos. Nosotros ya teníamos hechos los deberes desde casa. Este chico se pateaba la larga cola una y otra vez para cazar a ese turista que no ha hecho la burocracia en casa. Pasaba una y otra vez para que no se le escapara ni uno. El goteo incesante de vehículos a la cola así le obligaba. Y en todas sus idas y venidas nos miraba con cara extraterrestre de arriba a abajo. Y una vez, y otra… Hasta que realmente se aburrió al cabo de una hora y se atrevió a hablar conmigo:

Chaval marroquí:

صباح الخير يا سيدي 

لا أوراق استيراد ؟

Yo: (Silencio, aunque eso sí, mirando con cara de “paso de ti”)

El chico se me queda mirando esperando una respuesta que no llega. Me mira de arriba a abajo una y otra vez… Y esta vez me dice:

Chaval marroquí: Bonjour monsieur. Est titres d’importation?

Yo: Je ne peux pas parler française. Je suis espagnol.

Chaval marroquí: (Incrédulo, me vuelve a mirar de arriba a abajo, extrañado, asombrado pero bajando las cejas) ¿Español? ¡Y yo también! Yo español.

Esta guasa viene de lejos. Tengo una cara extraña, difícil de ubicar. En Thailandia no sabían de dónde era: unos me decían que era hindú, otros brasileño, latino, cubano… Pero eso de español nada. En Punta Cana me llamaron “mezclaíto”, con ese acento dominicano característico. Vamos, que paso desapercibido allí donde voy, pues no saben ubicarme en ningún lado. Al menos en los que he estado. Jejejeje. Y eso tiene sus ventajas. Y en el país alauí no fue menos.

Una vez embarcados y amarrada la moto (con una sola cincha, aunque en principio me pareció suficiente) subimos a la zona del restaurante a pegarnos un buen y merecido desayuno.

El sistema de sellado del pasaporte es de lo más curioso. Tienes que buscar a un señor que se sienta con un portátil en algún lugar del barco. Él es quien sella los pasaportes. Después de la pitanza lo tuve que buscar un par de veces. No hubo éxito. Más tarde, sin embargo, se corrió la voz que estaba cerca de la otra cafetería. Y allí que fuimos. Una vez sellados los pasaportes tan solo había que esperar el atraque del barco y salir por los tediosos controles de aduanas.

Prisa mata, amigo

Así reza un dicho marroquí. Y qué razón tienen.

La primera que te llevas en la frente es en la aduana. El descontrol es absoluto. Te hacen esperar y no sabes por qué. A algunos marroquíes que volvían a su casa con el coche hasta arriba les hacen descargar todo. Curiosamente allí nos encontramos a uno que empezó a mosquearse de lo lindo con el jefe de aduanas. Soltaba improperios como si no hubiera un mañana. No vimos cómo acabó la cosa, pues tuvimos “algo” de suerte y solo estuvimos allí una hora y media esperando.

El GPS que no volveré a utilizar

Me compraré uno mejor, sin duda. Dedicado para la moto, con mapas actualizables y demás. Paso del Mappy y del iGo8. Nos hizo ir por el lado equivocado a Tetuán.

El día estaba lluvioso. A veces llovía y otras no. Y ya os podéis imaginar cómo funciona esto cuando vas en moto: si llueve, te pones el traje de agua y deja de llover (pasas calor); te lo quitas y empieza a llover. Así durante todo el puente. Un coñazo.

Pero retomemos el tema del GPS. Como hemos dicho antes, se equivocó, y nos envió a Tetuán por Sebta (Ceuta). Si repasáis la geografía marroquí, os daréis cuenta que para ir a Tetuán desde Tánger no se tiene que tirar por Ceuta, por varios motivos:

  • Es más largo.
  • La carretera es de montaña (fijaos en un mapa que la orografía es elevada).
  • Después de las montañas… La costa, con el tráfico que eso conlleva.
  • Como colofón nos encontramos un peaje al coger una autopista para Tetuán.
  • Llovía y el suelo resbalaba. Esto no lo digo como un tópico, no. Aquello parecía una pista de hielo. La arena que se acumula en la carretera junto a la lluvia que por allí no abunda mucho hizo que el camino se convirtiera en una auténtica aventura.

Tuvimos que reducir muchísimo la velocidad por todos estos parámetros. Además, durante el camino que bordeaba la ciudad española de Ceuta nos encontrábamos a muchísimos subsaharianos que esperaban su oportunidad para entrar en Europa. Una pena tremenda, pues malviven en las rocas de las montañas comiendo lo que pueden. Por este motivo esta carretera está minada de todos ellos. Hambrientos y con harapos buscan algo que llevarse a la boca. Si es la primera vez que vas al continente africano, por esta ruta te das con la cruda realidad de primera mano.

Una vez pasamos varias ciudades, llegamos al peaje hacia Tetuán. Allí la idea era visitar le Medina, pero claro, llegamos a la hora de comer. Y con el tiempo de comer no se juega. Lo primero que vimos fue un restaurante italiano, donde comimos unas pizzas y una ensalada riquísimas. Y a buen precio.

 

¿Te he dicho que la prisa mata, amigo?

Durante el trayecto Tánger-Tetuán (por Ceuta, claro) no tuvimos oportunidad de encontrarnos con mucho tráfico, excepto en las ciudades de la costa. Y por las condiciones de la vía y las climatológicas tampoco pudimos ir a un ritmo adecuado de marcha. Éramos tortugas con miedo nivel vieja cruzando una calle.

Una vez en Tetuán comprobamos que el tráfico y la manera de conducir marroquí es peculiar. Para empezar aquello es un poco caos. Hay semáforos y todo eso, se respetan y tal. En eso estamos de acuerdo. Pero si sales de la ciudad, donde el control policial siempre está al principio o final de un poblado, aquello es el Far West. Allí no corre nadie. Todos van a 60-70 Km/h. Tan simple como eso. Si vas a más velocidad te matas sí o sí. Las carreteras son penosas. La que une Tetuán con Chefchaouen lo es. Los adelantamientos son inexplicables. No al nivel Kenia con Charly Sinewan, aquí podéis ver el vídeo, pero al estilo. No corras, no adelantes cuando no lo veas claro. Si esperas algo malo en esas carreteras, créeme, ocurrirá. Se te pegan atrás como lapas esperando un hueco para pasarte…

En cuanto al control policial con los radares y todo eso… Pues sí, los hay. Pero siempre en los mismos lugares. O sea, ves unas casas en medio de una carretera, de un camino, párate porque seguro están los gendarmes apostados al principio o al final. Hay una rotonda, también. Hay mucho control. Pero fuera de estos controles…

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Chefchaouen

Una vez desahuciado el Mappy, utilicé el plan B: un GPS que no necesita internet en el móvil. Gracias a él pudimos llegar al Riad que teníamos reservado. El acceso con la moto era imposible, pues estaba en la Medina y allí las calles son estrechas estilo Albahicín de Granada. Dejamos la moto por un par de euros todos los días en una plaza contigua. Un chico nos ayudó a llevar el equipaje por el módico precio de 2 euros. No me importó dárselos. Había que subir bastante y estábamos cansados.

El Riad era precioso. Una antigua casa marroquí habilitada como hotel. Habitación bonita, escueta, pero suficiente. Confortable. La pega: el rezo. Te despiertan sí o sí. Y el Riad estaba al lado de una Mezquita donde el imán vociferaba a base de bien. Qué manera de gritar, leches. El primer día, con el cansancio, prácticamente ni nos afectó. La segunda noche la cosa cambió.

Una ducha, vuelta por la Medina y cena en restaurante en la plaza principal. Bonitas vistas. Mucho turista y mucho comerciante. Esa relación sin igual.

Curiosamente en los paseos a mi no me abordaban para venderme algo. Es más, me hablaban en árabe. Yo sonreía y declinaba con la cabeza cualquier ofrecimiento, si es que había alguno. Otros nos escuchaban hablando castellano, me miraban y me decían… “Tú morocco, morocco”, tocándose la cara hasta la barbilla con una mano como en el anuncio de Gillette.

El pueblo es una preciosidad. Digno de ser visitado. Hay que tener cuidado con algunas cosas que a ellos les ofende, como por ejemplo: hacer fotos en determinados sitios (una me llamó la atención por intentar hacer una foto en un lugar donde supuestamente lavan la ropa, en un riachuelo), hablar con mujeres árabes, hacer fotos a escrituras o a personas (un artesano no me dejó fotografiar lo que escribía en su libreta) y algún detalle más. Es curioso que ellos se muestran muy serviciales, aunque eso sí, buscarán siempre una limosna para que les des algo.

¿Sensación de inseguridad? Ninguna, para nada. Al revés, noté cómo cuidaban al turista. Son listos y saben que de las pocas posibilidades que tienen es a través del turismo.

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El regreso

La moto, a pesar de estar en la intemperie, estaba intacta. La vigilancia de la plaza era 24 horas. Damos fe.

El último día teníamos previsto salir más temprano, pues llovía (lo hizo durante todo el puente) y queríamos salir con calma. Chefchaouen se ve en dos días y no necesitábamos más. Ya habíamos realizado las compras oportunas, por lo que solo quedaba realizar el camino de vuelta a casa.

Antes de partir quisimos preguntar a la chica de recepción qué camino tomar, pues el de la ida no nos gustó nada. Habíamos tirado por Ceuta y por una autopista de peaje camino a Tetuán. La chica, que había vivido y estudiado en Sevilla, fácilmente nos comentó que había una carretera/autovía muy buena y gratuita que llevaba desde Tetuán a Tánger sin tener que pasar por Ceuta. Era más corta y, al evitar las montañas al sur de Ceuta, el camino era más sencillo, sobre todo si llovía.

¡Y claro que lo era! Madre mía qué diferencia. La carretera hasta Tetuán era la misma que la de la ida, un infierno, y se alternaba la lluvia y el calor tanto como decidíamos ponernos o quitarnos los trajes de agua. El caso era fastidiarnos. Sin embargo, desde Tetuán a Tánger, la carretera se tornó en una especie de autopista con dos carriles por sentido, separados por una mediana. Y digo especie de autopista porque lo que te despistaba era que había algún que otro paso de cebra, alguna rotonda y personas paseando libremente por el arcén como si nada. Murphy seguía igual: si íbamos con el traje de agua, sol; si nos los quitábamos, llovía. Y así discurrimos tranquilamente por la N-2 que nos llevó hasta Tánger Med. El problema fue que llegamos muy pronto. Intentamos cambiar los billetes para volver más temprano y no perder 4 horas allí, pues queríamos evitar la lluvia a toda costa. No lo conseguimos, pero como mis suegros pensaban volver la semana siguiente con la autocaravana, pues les cedimos estos billetes y compramos otros para coger el primer ferry.

¡ Y casi lo perdemos! Eran las 13 horas y preguntamos si daría tiempo coger el de las 14. El chico de la taquilla nos dijo que sin problemas, que por supuesto que sí. Y allí que fuimos. Pasamos el primer control y había una fila de coches preocupante (unos 8-10). Pasan 25 minutos y nos toca a nosotros. Chequeo de los papeles de importación de la moto y tal… Pasamos. Ahora a buscar el lugar de salida del ferry. Error. Otro control más. Ahora pasaportes y rellenar no sé qué… Otros 15 minutos. La prisa, el traje de agua y el calor, pues no llovía, claro, empezaba a agobiarnos por momentos. 20 minutos y el barco zarpa. Silvia, de nuevo, me comenta que no habrá problemas, que ocurrirá igual que en la ida, que habría retraso seguro. Pasan otros 5 minutos en la cola y ya nos liberan… A buscar el lugar adecuado. ¡Error! Ahora a pasar por un tráiler que tiene incorporado una máquina gigante de rayos. Sirve para buscar droga y cualquier elemento extraño en los vehículos. ¿La moto también? Sí, la moto también. 10 minutos perdidos allí. Y digo 10 minutos porque podrían haber sido más. Una vez que los vehículos pasan el control se quedan varados en una especie de barrera. Deben esperar a que se les dé el OK al escaneo. Ya barruntábamos que íbamos a perder el ferry. Bueno, eso lo hacía yo, pero Silvia confiaba en su experiencia en la ida con el retraso. Quedaban unos 3 minutos para que fueran las 14 horas. Me levanto de la moto y me dirijo al comienzo de la fila para hablar con el agente de aduanas. Antes de terminar la frase me dice: you go! -Can we go? – Yes. Y salimos escopeteados. En el trayecto sorteamos un coche, dos; otros parados en una rotonda no saben a dónde dirigirse… Decido adelantarlos e ir directamente a un ferry de la compañía que habíamos contratado FRS. Estaba con las compuertas abiertas, algún operario esperando y otro más a escasos metros. Efectivamente, este era. Fue darle al gas y el operario que estaba en el interior del barco nos hacía gestos con los brazos: corred, corred. Si os digo que fue entrar y empezar a organizarlo todo para cerrar compuertas es poco. Suerte no, lo siguiente. Esta vez, y por nivelar, yo tenía razón y no habría retraso.

Una vez llegamos a España pasar el control fue rápido. El policía nacional nos hizo alguna pregunta para saber dónde habíamos estado y punto. Entramos en España. Esta vez no nos perdemos y cogemos la carretera adecuada para plantarnos en la autovía de peaje Sevilla-Cádiz en un santiamén. Lo que no cambió fue lo de la lluvia y el traje de agua. ¡Qué cruz, macho!

Llegamos a Sevilla algo cansados por estar todo el día sin parar, pero contentos por cómo lo habíamos pasado en Marruecos.

Para ser la primera incursión no ha estado mal.


 


					

Volvemos…

Más de un año ya que no escribo nada en el blog…

Más vale tarde que nunca. Y además paso de dar explicaciones.

Hace tiempo que tengo varado el ansia de salir con la moto. Cuestiones personales mandaban. Sin embargo, aquí volvemos.

Para empezar el próximo 25 de julio empezaré el viaje más importante de mi vida. Sin duda. Me casaré con la mujer que me ha cambiado la forma de ver las cosas y me cautivó desde el minuto 1. Dicen que hay que echarle valor, que casarse es… Pamplinas. Cuando uno está enamorado y está plenamente convencido que la persona con la que vas a compartir el resto de tus días es la indicada… No cabe discusión.

Pero aquí hemos venido a hablar de otros viajes… en moto. Así que vayamos por partes.

Vuelta a Andalucía en 24 horas.

Os debo una crónica de el evento que tuvo lugar hace ya casi dos años. No la completamos finalmente. Pudimos hacerlo pero llegando 2 horas tarde al punto de partida: la Torre del Oro.

La experiencia fue magnífica, irrepetible. Sin embargo, fuimos demasiadas motocicletas.

Manuel y yo quedamos algo apesadumbrados con el hecho de no poder terminarla en el tiempo establecido: 24 horas. Así que una vez que nos quedaba llegar a la última ciudad, Cádiz, y ver que nos ya era la hora de estar en Sevilla, decidimos abandonar. Sí, decidimos no ir a la Tacita de Plata para llegar a Sevilla 2 o 3 horas más tarde. Podríamos haberlo terminado, sí, pero ya no era lo mismo.

El problema residió en que éramos muchos componentes. Ahora para uno, ahora el otro… Un lío. Por otra parte, alguna entrada y salida de ciudad se nos complicó más de la cuenta (como por ejemplo en Granada y en Málaga). Esto nos hizo perder muchísimo tiempo. Así que el grupo se dividió: muchos tiramos para Sevilla, y un par de los demás se fueron valientes a la búsqueda de la antigua ciudad fenicia de Gades para completar las 8 provincias andaluzas.

II Vuelta a Andalucía en 24 horas.

Decir que ya estamos en marcha y pensando en realizar de nuevo la Vuelta a Andalucía en 24 horas.

Esta vez tenemos planeado ir dos o tres motos. No más. Tenemos que pensar mejor el tiempo estipulado para comer. Llevar o no comida (no podemos perder tiempo en buscarla). En definitiva, con la experiencia anterior, prepararnos para llevar a buen puerto semejante desafío.

A finales del verano ya tendremos preparado algo el amigo Manuel y un servidor. Las ganas de moto han vuelto. ¡Estamos de vuelta amigos!

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Desafío 2014 acabado

Como os dije en anteriores entradas, este año hacíamos de nuevo El Desafío 2014. Una prueba motociclística de aventura, orientación y turisteo muy entretenida. Si además añadimos a esta afirmación que sus organizadores son el Moto Club Moteros Gaditanos ni os cuento… Un aderezo de lo más sorprendente en todos los sentidos.

Os animo a participar, ya en la edición del año que viene, claro, pues es algo harto recomendable.

Este año el ayuntamiento de Prado del Rey (Cádiz), situado al borde de la Sierra de Grazalema, se ha volcado considerablemente con la organización de la prueba. Cedió instalaciones, como el auditorium, y adecuó aparcamientos y calles para que los más de 400 participantes de la prueba nos sintiéramos como en casa. Actuaciones de un ayuntamiento que, en este caso, se ha volcado para que su pueblo acoja a unos seres montados en máquinas de hierro y consuman alegremente por su villa. Amén de conocer un pueblo precioso que tenía encantos culinarios dignos de reseñar. Esto, queridos lectores, es digno de elogiar. Mirar por el bien del comercio del pueblo y señalar un poco más, de manera muy positiva, a su pueblo en el mapa y la mente de todos los participantes.

Tras el briefing ofrecido durante la tarde del viernes, se procedió al tapeo y cerveceo respectivo por los bares del pueblo. Muchos se lo habían currado, y sabedores de la llegada de tanto motero, se apresuraron en hacer menús y degustaciones dignas de un gran recibimiento.

Charlas con uno, con otro, con el señor presidente de MC Moteros Gaditanos. Un tío amable, gracioso y sincero. Ya nos adelantó algo para la prueba del año que viene, y las ideas que tiene… Gustan. Ya veremos cómo cuajan todo eso, pues esta gente no deja de superarse año tras año.

Tras un buen repaso de viandas, nos fuimos al hotel, situado en la carretera hacia El Bosque, para descansar y poder afrontar la prueba con algunas horas de sueño a las espaldas. La recogida del roadbook empezaba a las 06:30 de la mañana. Sí, a esto uno ha de gustarle para levantarse a semejante hora. El amigo Manuel y yo nos plantamos allí pasados unos minutos nada más, y aquello ya estaba lleno de gente deseosa de empezar la prueba.

Nuestra intención, tras recoger el roadbook, era pasar por el fotocall y a continuación tomar un café en un bar y leer en cristiano todo lo que el documento principal de la prueba nos ofrecía. Así, tras las fotos pertinentes, nos dirigimos a desayunar media tostada con café mientras organizábamos en nuestro particular roadbook casero las indicaciones de la prueba.

Todo el mundo iba bien pertrechado. Roadbooks con luz, caseros, comprados a la industria especializada… Nosotros somos así. Nada de nada. Una carpeta con unos cuantos folios donde íbamos a apuntar las indicaciones del roadbook de la organización. Una simple carpeta A5 con sus gomillas bastaba. Encajada en la pantalla de la GS de Manuel se encontraba semejante invento. Allí se transcribían los kilómetros parciales que teníamos que realizar y la indicación para qué carretera coger, con su nomenclatura y todo…

Mientras tomábamos el desayuno 1, realizamos una buena tirada de kilómetros en el roadbook. En el desayuno número 2 o en la comida ya terminaríamos lo que nos quedaba.

Ya solo quedaba empezar. Así que nos montamos en las motos y a disfrutar. Y tanto que lo hicimos.

Este año completamos todas las pistas y controles. Llegamos a Córdoba, punto de finalización a las 22:00 horas del sábado. Tiempo suficiente para alojarnos, ducharnos y cenar en condiciones.

En próximas entradas os contaré con detalle, sí, y puede que con algún vídeo, los tramos que fuimos haciendo durante todo El Desafío.

Empezamos El Desafío 2014

Salir del curro a las 15:00.
Llegar, comer, vestirme de torero y vamos que nos vamos. A las 16:30 más o menos quedé con Manuel. Llegué más tarde. Así que definitivamente quedamos sobre las 16:30, Jeje. Saludos, echar gasolina, sincronizar los midland, llenar las ruedas… Y vámonos. A ritmo tranquilo, cuasi de jubilado, nos plantamos en el hotel que hará de paso previo al inicio del Desafío 2014.
Ahora una ducha, no sin pelearnos antes con el agua caliente, que se ha resistido…
A Prado del Rey a la reunión o briefing de la prueba. Unas tapitas locales y a la cama. Ese es el plan.

Aquí una foto del aparcamiento del auditorio donde se celebrará el briefing.

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